Día 2 del #Desconfinamiento #Fase0

Este martes es de esos días que…no apetece. Y eso que la noche es mi momento preferido para “hablar” aquí, pero hoy no tengo anécdotas, solo ideas confusas y pensamientos ambiguos.
La noche es mi mejor lugar para el reposo, ubicar las sensaciones y dejar la mente vacía de esos más de 70.000 pensamientos que, según los expertos, se cruzan por nuestro cerebro cada día, incluso en esta época de aturdimiento marcada por el confinamiento.
Sí, la noche siempre ha sido mi mejor momento. En la época estudiantil pasaba el día esperando que se marchara el sol y al amparo de la madrugada iniciar el estudio. Esa afición a leer a poca luz la sigo manteniendo. La lectura es casi necesaria durante todo el día, todos los días, pero ninguna aventura seduce tanto como al cobijo de la nocturnidad. En penumbra marchar en busca de aventuras, perderse en otros mundos y adquirir la personalidad de tal o cual personaje es un atractivo irresistible.
En época de metamorfosis como esta en la que todo se confunde, he seguido manteniendo la noche como cobijo, aunque el temor ahora es permanente y el insomnio se ha acomodado en exceso en mi interior.

Sin embargo, parece que es en estos ratos cuando, mientras esperas que te visite el sueño es cuando se agolpan confundidas imágenes, emociones, sentimientos…recuerdos. Y hoy estamos para construir una “nueva realidad” y no perdernos en esas nostalgias a las que te invita la noche.

La memoria es selectiva y solo repara en detalles en busca de un efecto balsámico que nos ubique ante tanto desconcierto, sin tener en cuenta que ninguna escena vivida es perfecta más que en su evocación.

Añorar no nos va a aportar el vigor que necesitamos para seguir en esta escalada que es la “desescalada”. Estos días se requiere confianza, aliento, esperanza, energía, ímpetu, positivismo…

Por todo ello, hoy me ha decepcionado la ausencia de realidad mostrada en sus declaraciones por quien todos admiramos como leyenda del deporte. Y sí, me refiero a Rafa Nadal, protagonista en todos los medios de comunicación y tendencia durante todo el día en las redes sociales.

El tenista ha concedido una entrevista, quizás a una hora demasiado temprana y tal vez, le pase como a mí y, en esos instantes cuando amaneces, tu mente todavía navega entre la somnolencia y la evocación a la que te invita la noche. El tenista mallorquín ha afirmado contundentemente (tal vez, no siendo consciente, ¿o quizás sí? de su liderazgo como referente social, no solo deportivo para muchas personas): “No quiero una nueva normalidad, quiero la normalidad de antes”.

Vale, yo también, pero eso Rafa, hoy por hoy, no se vislumbra.

Hemos de aceptar que este es el momento que vivimos y que estamos en plena transformación. Y no, no es necesario que nos acribillen desde todos los lados con que el Covid-19 es la revolución del s. XXI, que ha llegado para quedarse, que se va a cambiar en valores, comportamientos, etc. etc.

Ya sabéis que yo tengo mis dudas sobre que este confinamiento modifique el canibalismo de un mundo que sigue inmerso en demasiados engaños, insolidaridad, crueldad, intereses… Y además, conocéis mi voluntad de creer en la gente, aunque sigan creciendo mis dudas cada día.

Por ello, no sé realmente si añoro volver a “la normalidad de antes”, la de aquella sociedad envilecida o aceptar el reto de contribuir a la construcción de un nuevo sendero, algo que, no obstante, no apunta a mejora si atendemos a esos brotes que ya asoman alguna rama.

Sin embargo, de lo que no tengo dudas, es que “nada volverá a ser como antes” y sí, me repito a lo escrito hace solo dos días y os vuelvo a recomendar la lectura de la columna del expresidente de Uruguay, Pepe Múgica, también a Rafa Nadal. Porque en momentos de cambios es básico escudriñar objetivamente la realidad y no reparar en la melancolía para elegir cómo queremos diseñar una nueva cotidianeidad.

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