Día 6 del #Desconfinamiento #Fase0

Primer sábado de desconfinamiento. El paisaje son imágenes de coches llenando las calles (lo de las banderas prefiero un “no comment”, porque solo se cruzan por mi mente palabras como miserable, mezquindad, insolidaridad, vergüenza, sonrojo, miedo…es decir, mejor “no comment”), los helicópteros sobre las playas, las terrazas llenas (pero eso sí, el consumo es solo una cerveza o un refresco y un plato de patatas fritas o “cacau”, pocos son los que proliferan en gasto), los reencuentros de amigos (sin abrazos ni besos), las mascarillas…y el sol, que se hace visible acompañarnos durante más horas.

Es el momento, ya llegó.

El tiempo discurre, es inexorable su desfilada. La vida acontece y, a pesar del covid, siguen pasando cosas…cosas que ocupan nuestra cotidianeidad: una pareja amiga “se embaraza”, un matrimonio amigo se resquebraja, descubres quién marchó con la parca, conoces quiénes han perdido su trabajo, hay adioses y bienvenidas de compañeros, algunas ausencias se mantienen y otras someras presencias se hacen ahora más visibles…

Nos hemos perdido momentos, conversaciones, diálogos, abrazos, besos…, pero el mundo sigue rodando. Vida y tiempo avanzan paralelos porque, como escribió Benjamín Franklin, “el tiempo es el bien del que está hecha la vida”.

Tiempo y vida.

A veces la percepción del paso del tiempo produce desazón. Sin embargo, el caos al que hemos sobrevivido ha desbocado nuestra ansía de recuperar un tiempo que no, no volverá.

El pasado es ayer.

Hoy se ha diluido el barbecho. El final de la fábula experimentada ha abierto un nuevo capítulo del cuento de vivencias que cada cual escribe como libro de vida. Ya nos hallamos en esa fase de “nueva normalidad”, cuya creación es ahora nuestra tarea.

Tanto en mi salida a la calle ayer como hoy, he constatado fehacientemente que, aunque, de forma parsimoniosa, nuestros pequeños universos comienzan a cambiar.

En las calles, avenidas y paseos hay aroma de gente. Los días dejan de ser arios, la luz natural se espacia en las horas, pero además, es el momento de sembrar los conceptos y principios que habremos de cultivar para obtener una cosecha que ofrecerá los frutos que merezcamos como sociedad. Por ello, son nuestros actos los que han de ser el pincel que dibuje esa perspectiva.

No obstante, no hay grandes planes, el futuro no se vislumbra a medio plazo. Hay que caminar paso a paso. Solo “se hace camino al andar” y así hemos de abrir senderos. Atrás queda lo que queda atrás.

Hace unos días me “regalaron” una de esas frases que te abren a una reflexión, decía algo así como: “tenemos los ojos delante para saber que es hacia ahí hacia donde hemos de mirar”.

Mirar adelante. Como dijo el filósofo Isaac López, El pasado nos limita, el futuro nos atemoriza y el único lugar seguro es el presente”.

El “no relajarnos”, la “responsabilidad social”, el “cumplir las reglas sanitarias” son consignas que nos reiteran. Hoy mismo, Pedro Sánchez nos invitaba a “no actuar con miedo, pero sí con prudencia y responsabilidad”.

Cada cual ha de medir sus pasos para recuperar libertades y activar la maltrecha economía. Solo desde este lugar “PRESENTE” podemos cambiar las cosas.

Este es el único instante que tenemos; aunque no todos volvemos a trabajar al mismo tiempo y las limitaciones de circulación y reunión sigan vigentes según las fases, el territorio y la hora del día; pero hemos de contribuir a activar nuestra economía. Incluso en la época desértica, algunos han acumulado capital (los mismos que en la crisis del 2008 y antes y antes), pero la amplia mayoría de personas ha mermado sus ahorros, no disponen de ese dinero que nos permitirá la activación económica o el “irse de vacaciones” al que hoy se nos ha instado incluso desde el gobierno central.

No nos podemos equivocar, a pesar de estar inmersos en las dudas, nuestra energía ha de pasar de las palabras a la mente.

Es ahora cuando hemos de demostrar qué había tras esos aplausos masivos a las 20:00 h.

Es ahora cuando nuestra energía necesita catalizar los corazones estropeados y actuar para recuperar la entereza que requiere la coyuntura.

Es ahora cuando nuestro consciente ha de revelar los detalles que nos pasaron desapercibidos desde la inconsciencia del golpe emocional de la forzada reclusión que nos ha encerrado los últimos dos meses.

Son varios los mensajes similares que me han rondado la mente y he plasmado en este diario varias veces, pero ahora sí, ahora es HOY. Y ambos se escriben en presente.

No solo necesitamos ser explícitos en nuestras fobias o filias tan fecundas en falsedad, manipulación y bazofia como otros lo son adquiriendo el rol de acólitos, secuaces o cómplices. Todo requiere una vuelta.

Todo exige una recreación, una regeneración, un rediseño, y, de igual forma que estamos deseosos de ser sinceros en nuestros cariños y en nuestros gestos, no podemos recurrir al “síndrome del avestruz” por temor, miedo o angustia.

Es obvio que tampoco podemos esgrimir mensajes que inciten al conflicto ni desterrarnos al abismo. Dice una canción que no se puede volver con la cabeza, hay que volver con el corazón. Hoy, esta sociedad precisa “volver” con la emoción acumulada pero ineludiblemente también con la razón, y de ambas solo nosotros somos dueños, a pesar de nuestros temores y nuestra debilidad sensitiva.

Es el momento del aquí y el ahora y ser valientes después de tantas semanas de MIEDO y ante el MIEDO que ofrecen algunos apocalípticos mensajes, porque…como dijo Nelson Mandela, “El coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo” y ahora, es el momento de conquistar nuestros sentimientos para construir esa “nueva normalidad” que solo será deleitable si volvemos con el corazón y la mente y no dejamos en una pose todo lo que querían mostrar (y no esconder) aquellos aplausos de las 8 de la tarde y.......

Que tinguem sort

que trobem tot el que ens va mancar

ahir.

I així pren tot el fruit que et pugui donar

el camí que, a poc a poc, escrius per a demà.

Què demà mancarà el fruit de cada pas;

per això, malgrat la boira, cal caminar

Volver