Menorca...La Menor

Y nos decimos adiós...o hasta luego; aunque sabemos que lo vivido las últimas jornadas son un "hasta siempre".

Desde luego, no creo que sea la última vez que volvamos a vernos; no es esa mi intención ni mi deseo, a pesar de la imprevisibilidad con que la vida nos proyecta el devenir y cómo muchas perspectivas son pocas veces coincidentes con los bocetos que nuestra voluntad traza.

Más o menos como ha ocurrido en este #RaroVerano2020 en el que paradójicamente, a pesar del caos coyuntural; de forma inesperada, nos hemos encontrado Menorca y yo como destino de acogida de una fantasía iniciada hace algunos años cuando, en tono jocoso, en muchos de los viajes compartidos con mi “sister-friend & your family” surgía como quimérica la frase: “el verano del 2020, cuando hagamos los 50, marcharemos de viaje solas”…

Todo parecía tan lejano…pero llegó 2020, aunque envuelto en el caos que ha alterado los márgenes de nuestra normalidad en la que transcurría nuestra rutina.

Sin embargo, a veces las cosas pasan… (¿por casualidad?) y lo que era una fábula verbalizada (a veces incluso una intención certera) se ha convertido, en este singular julio, en una realidad inesperada que se revela en nimios detalles, como la opción de compartir unos días de risas, recuerdos, aventuras, nostalgias, inquietudes y silencios sin casi planificación. Ya lo dijo el escritor argentino César Aira, “improvisar, saber adaptarse y responder al instante es la clave de la felicidad”.

Y nuestra improvisación nos ha dejado más momentos felices en el faro de nuestra amistad. Tal vez las sensaciones hubieran sido semejantes en cualquier lugar pero hubo de ser en, tal vez, uno de los territorios más bellos del Mediterráneo. Una isla que a ambas nos evocan otros momentos y que hace confluir en ella muchos rasgos que las dos apreciamos y por las que somos como las sinuosas enredaderas.

Han sido pocos pero intensos días en los que hemos hecho acopio de imágenes al descubrir rincones, disfrutar con detalles, compartir silencios y horas de lectura, experimentar aventuras, desvelar inquietudes y, más de tres décadas después de conocernos, aprender todavía un poco más la una de la otra, porque parafraseando a Gabriel García Márquez, “en la AMISTAD siempre se enseña al AMIGO a ver las cosas”.

El paradisiaco entorno ha decorado nuestras jornadas y regalado más brillo a nuestra estancia isleña a pesar de la soledad que envuelve en la actualidad la isla “princesa” (en la anterior publicación encontrarás la razón de esta definición).

Ahora solo queda guardar en el desván los momentos aquí plasmados en fotografías de paisajes de extrema belleza, actividades realizadas, juego de selfies y postureo PERO… principalmente, quedará lo vivido, que sigue agigantando esta entrañable amistad de dos “jóvenes” de 50, y el romance que cada una de nosotras tiene con Menorca, sus calas, su paisaje, sus rincones, su “naturaleza” desde Mahón a Ciutadella, desde Fornells a Es Migjorn…

Menorca, cuando ya te echo de menos, sé que en los momentos de silencio y nostalgia que llegarán, buscaré el refugio de todos estos instantes expuestos en estos collage de imágenes, porque cuando el corazón se empeña en algo, este permanecerá eterno...

Volver