El poder de un abrazo

Hoy, día mundial del abrazo, no deja de ser paradójico que se “celebre” un gesto carente o escaso de ofrecer y recibir desde hace demasiados meses. La ausencia de la caricia que representa encerrarse entre dos brazos está generando infinitud de problemas psicológicos, pero también fisiológicos.

En el programa La Ventana de la Cadena Ser en la tarde de hoy viernes 21 de enero, la neurocientífica, catedrática de la Universidad de la Laguna y autora del libro “Pon en forma tu cerebro” analizaba las razones por las que un abrazo es fundamental para el estado físico y anímico de la persona.

El abrazo como terapia saludable se dice.

En ese mismo espacio ha surgido el nombre de una obra que ha sido y es uno de mis libros de cabecera de un periodista que me cautivó hace años, me refiero a “El Libro de los Abrazos de Eduardo Galeano.

En la obra del escritor uruguayo entre otras frases leemos “A muchos condena el hambre de pan y a muchos más condena el hambre de abrazos”.

Ahora, en este 2022 donde, desde hace casi dos años estamos tan carentes de la caricia de unos brazos, resulta incluso sarcástico cómo un gesto que es una de las expresiones de afecto más sinceras este censurado.

El abrazo, como ha expresado la profesora canaria a Carles Francino, es, quizás, el contacto físico más escaso, pero al mismo tiempo, tal vez, el más necesitado y emocionalmente sincero.

Hoy todos recordamos cuál ha sido el último abrazo recibido, a quién hemos regalado nuestro abrazo más recientemente…Abrazar se ha convertido en un hecho tan emocionalmente escaso tras pasar meses e incluso años sin entregar ni ofrecer un abrazo, que puede que sea esta una de las carencias que más está estigmatizando a una sociedad cada vez más insensible.

Escuchar que “el cerebro necesita abrazos” cuando sumas días y días y semanas y meses sin ese contacto físico, se tambalean las emociones. Añoramos eso que no tenemos y una de las cosas que con más virulencia nos ha arrebatado esta maldita pandemia de covid es ese contacto físico que, en opinión de la profesora Raquel Marín “genera unos cambios químicos porque a nivel cerebral se deja de generar sustancias como la dopamina, relacionada con la motivación, el placer o la memoria y la serotonina, relacionada con el ánimo y con el sueño”.

“Si te abrazan poco puedes ser más proclive a tener insomnio, porque es una de las sustancias que se necesitan para fabricar melatonina, que es la hormona que necesitamos para dormir”, ha contado la neurocientífica. En fin, personalmente ya sé la razón del por qué tantas noches en vela los últimos meses…

Todos estos factores provocan el abrazo y su carencia. Por ello, su ausencia suscita el aumento de opciones de padecer depresión, ansiedad o “incluso neurosis” según ha explicado explica la profesora de La Laguna.

Porque este covid (no el previ-vacuna cuando tantas personas marcharon con la parca por su presencia), este del invierno del 2022 no es solo tos, mucosidad, neumonía o confinamiento, sino que al agotamiento y el hastío por la pandemia se unen los efectos químicos y psicológicos de sus consecuencias, efectos que pueden durar años. A algunos les agriará más el carácter, a otros les costará horas de psicólogo y los hay que entrarán en ese estado melancólico donde la morriña, la añoranza y las ausencias hieren tanto…porque, ¿quién no anhela un abrazo?

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